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Star Wars: Galactic Racer aprieta las tuercas al arcade de velocidad con peligro real y coches que explotan

El 9 de octubre de 2026, el medio Aftermath publicó un extenso artículo sobre Star Wars: Galactic Racer, el juego de carreras que está dando que hablar entre los nostálgicos del arcade más agresivo. El texto incide en la misma idea que ya apuntábamos en nuestra pieza sobre cómo el juego ha enganchado a un padre y a sus hijos: la velocidad no es solo una cuestión de marcar el tiempo más rápido, sino de sobrevivir a la propia máquina que pilotas.

El juego, desarrollado por Fuse Games, un estudio fundado por exmiembros de Criterion que trabajaron en franquicias como Need for Speed y Burnout, apuesta por una sensación de vértigo que hace tiempo que no se ve en el género. La clave está en un sistema de dos propulsores: uno seguro y unos Remjets que dan velocidad real pero que, si los llevas al límite durante demasiado tiempo mientras suena la sirena de aviso, explotan sin previo aviso. No es una amenaza teórica: el artículo habla de un porcentaje real de posibilidades de convertir tu vehículo en una bomba si no calculas bien las curvas. A eso se le suman averías que se arrastran durante varias carreras hasta que un vendedor alienígena de dos cabezas te la repara.

La campaña es un roguelike y las mejoras no persisten entre torneos. Desde el juego se da a entender que estás llevando esas naves hasta que se desintegran por completo. Es una filosofía que choca directamente con la obsesión por la colección de coches impecables que domina la mayoría de juegos de conducción modernos. Aquí no hay ningún Porsche 1973 escondido en un granero: hay una mecánica alienígena de cuatro brazos que comete fraude a gran escala para soldar una máquina de muerte que va a dejar viuda a la mujer de un rival. El antagonista principal es un ricachón que puede comprarse la liga entera, y el juego es, en esencia, una historia sobre ganarle a ese tipo estando en desventaja.

El contexto retro es evidente, y no solo por la herencia de Burnout. El artículo menciona directamente a F-Zero GX, Wipeout y Star Wars: Pod Racer como referentes de una época en la que la velocidad absurda y la violencia en los juegos de carreras eran moneda corriente. También hay un hueco para el Mario Kart de Nintendo, que ha hecho fortunas pero que, según el autor, no ofrece esa sensación de peligro real. Lo que reclama es la velocidad que no existe cuando el vehículo toca el suelo, con geometrías imposibles, armas retorcidas y rivales que explotan en una cascada de metal y fuego. Esa tradición, que parecía relegada al ámbito indie, tiene ahora un nuevo representante en una licencia tan grande como Star Wars.

El guion también recibe elogios, con nombres como Chris Remo, Xalavier Nelson Jr. y Duncan Fyfe detrás, y un tratamiento del personaje de Sebulba que sorprende por su profundidad sin perder el tono gamberro. Hay personajes como Biddy Blas, un cocodrilo espacial con voz de luchador profesional, suelta frases en huttés, el idioma de Jabba el Hutt, con una convicción que el autor del artículo no esperaba. Es la prueba de que la franquicia, en su vertiente más goofy, sigue teniendo recorrido.

Si os interesa el lado más personal de esta experiencia, nuestro compañero contó hace poco cómo Star Wars: Galactic Racer enganchó a un padre y a sus hijos durante una semana de carreras contra la adversidad. Y para los que seguís la actualidad de los estudios, Bit Reactor recupera a parte de su plantilla tras el éxito de Star Wars Zero Company, otra muestra de que la licencia está viviendo un buen momento en el terreno del videojuego.

No es un juego para los que buscan el realismo contenido de un simulador de conducción. Es un juego para los que quieren ir tan rápido que pueden explotar. Y, según el artículo, lo consigue.

Fuente: Aftermath

redaccion

Redacción ZeryuGames

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